Viajar a Leipzig con Erasmus+ ha sido una experiencia que va mucho más allá de lo profesional. Poder entrar en sus aulas, observar otras formas de enseñar y compartir música con profesores y alumnos alemanes ha sido especialmente enriquecedor.
Me llevo nuevas ideas para mis clases, diferentes maneras de educar y muchas ganas de seguir aprendiendo. Pero, sobre todo, me quedo con las personas y con esos momentos que hacen que el viaje tenga sentido: tocar junto a jóvenes músicos, conversar y compartir experiencias con otros profesores y vivir una inmersión musical en lugares tan especiales como la Iglesia de Santo Tomás, donde trabajó Bach.
Lo más bonito ha sido comprobar cómo en pocos meses el proyecto ha ido creciendo y ya hemos podido compartir esta experiencia también con nuestros alumnos. Ver cómo ellos crean sus propios vínculos a través de la música confirma que merece la pena seguir tendiendo puentes entre diferentes países, centros, ciudades y comunidades educativas.
